sábado, 27 de junio de 2009

La Clavícula de Salomón

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La Clavícula de Salomón
En la actualidad podemos encontrar, en librerías o por Internet,
varias versiones de un texto titulado Las Clavículas de Salomón y que no es
ni más ni menos que uno de los más legendarios tratados de Magia. Su
redacción se configura a modo de testamento, transmisión personal y muy
secreta, de un padre a un hijo (maestro y discípulo). Salomón, rey de Israel,
supuesto autor del libro, dejaba, así pues, como legado una serie de conocimientos
mágicos a su hijo Roboam, rey de Judá, posiblemente hacia el año
931 a. C., año de su fallecimiento. Verdaderamente, aunque el contenido de
tal legado era sólo una parte de toda su sabiduría, este saber resultaba ser
uno de sus más preciados tesoros. Y si damos crédito a todo lo que se relataba
que se podría conseguir siguiendo sus indicaciones, verdaderamente
Roboam debería de estar agradecido a su padre por siempre jamás, pues le
abría las puertas a otras realidades y a arcanos poderes.
Pero, ¿cómo llegaron hasta Salomón dichos conocimientos? Podría
decirse, por el rastreo de las características de los rituales y oraciones referidas,
que su origen bebe de fuentes egipcias, babilónicas (especialmente
caldeas) y griegas, con un fuerte peso del componente astrológico. Esto, de
partida, nos hace dudar de su datación en tiempos salomónicos, por lo
menos la de las versiones llegadas. No obstante, sí puede permitirnos comprobar
cómo el mundo hebreo, en ese trasiego de intercambios culturales en
Oriente Medio, habría ido configurando un cuerpo mágico propio con la
influencia de las tradiciones vecinas, especialmente, la babilónica y la egipcia.
Vínculos que en el caso salomónico se afianzaron como refleja su alianza
matrimonial con el Egipto faraónico o la sobresaliente prosperidad cultural
y económica de un Israel ampliamente relacionado con su entorno geográfico.
Es más, cabría apelar a una posible toma por parte de la Magia
hebrea del relevo histórico de dichas tradiciones mágicas, sustituyéndolas
en la supremacía. No olvidemos que ya Moisés y Arón (luego Aharón) dejaron
zanjada, unos siglos antes de Salomón, su superioridad durante su
enfrentamiento contra los magos del Faraón (Éxodo, 7, 7-13; Azoras XX, 59-
74, XXVI, 9-48, XXVIII, 30-37). Incluso, si hablamos de Salomón como portador
de grandes conocimientos mágicos, el patriarca Moisés no podía ser
menos y muchos son los prodigios relatados en las Escrituras que nos muestran
que era portador de un poder extraordinario, aunque emanado de Dios.
Es más, incluso nos ha llegado una supuesta obra suya, Libro sagrado llamado
Mónada o Libro Octavo de Moisés, conservada en papiros de la etapa
helenística (Papiro Leiden J 395, P XIII), y que curiosamente hace referencia
a otra obra suya, La llave (sic), y que comunicaría toda una serie de
correspondencias e indicaciones como se hará en Las Clavículas (las llaves).
La verdad es que sería tentador imaginarse un supuesto “espionaje
tecnológico” entre los diferentes pueblos antiguos que habría acabado desencadenando
un gran golpe, realizado por el pueblo judío a través del prófugo
por asesinato, Moisés, y de su hermano Arón. Con paciencia y aprovechando
su privilegiada situación, desde joven Moisés había accedido con
paciencia a los más secretos saberes mágicos de la gran civilización egipcia,
depositados y guardados por escogidos sacerdotes en templos muy concretos.
Una vez conocidos, se presentaron los dos ante el Faraón para intentar
alcanzar un acuerdo por las buenas para liberar a su gente. Como eran
ya octogenarios, tenían el pretexto perfecto para que les dejasen entrar apoyados
en sus bastones, sin que sospechasen que eran báculos mágicos.
Como veían que no conseguían nada, Moisés mandó a Arón que usase de
su arma contra sus esbirros. No fue bastante. Tuvo que ser luego Moisés
quien desplegase, durante varios días, toda su artillería mágica para minar
la postura del Faraón. Pero, tras conseguirlo se desencadenó la más emocionante
persecución que vieron los tiempos, el Éxodo, y con ello, la construcción
de toda una cultura religiosa, con su aparato material, ritual y preceptivo.
Estos saberes se conservarían después cuidadosamente, para no
ser mal empleados, a la espera de las circunstancias adecuadas para su
uso. Luego, en un momento propicio de estabilidad y unidad, Salomón recibiría
tan poderoso saber, haciendo uso de él. Ciertamente, es tan fácil fabu-
100 Cuadernos del Minotauro, 2, 2005 Fernando Figueroa
lar al tratar estos temas que sólo hay que echar un vistazo al escaparate de
cualquier librería.
Pero no hay por qué darle tantas y tantas vueltas a este asunto cuando
es el mismo Salomón quien nos desvela la solución al enigma de cómo
alcanzó dichos conocimientos. Así lo indica en el texto: un ángel se le apareció
y se los reveló por infusión. No es extraño, ya en la Biblia se describe
esa especial relación entre Salomón y lo divino y cómo Dios en sueños le
entregó toda la sabiduría inimaginable (Libro de los Reyes, 3, 5-15). De este
modo, la sabiduría de Salomón sobrepasaba la de todos los hijos de Oriente
y la sabiduría toda de Egipto (Libro de los Reyes, 4, 29-34), que era por
aquel tiempo como decir que no había ni hubo nadie más sabio que él y que
no había pueblo más poderoso que el hebreo. Podía así discernir sin problemas
entre el bien y el mal y conocer cualquier secreto de la naturaleza animada
e inanimada y, consecuentemente, ejercer un feliz y provechoso
gobierno.
Recurrente recurso el de la aparición angélica como explicación a
ciertos prodigios y que nos recuerda diferentes episodios de la tradición bíblica
y de la literatura mágica. Igualmente, dicho hecho se presenta como un
eficaz garante del control en el acceso selectivo a ciertos conocimientos que
convenía comunicar discretamente. De este modo, nadie que no formase
parte de la cadena de transmisión oral, cuyo eslabón original sobre la Tierra
sería Salomón, podría participar de dicho saber. Hecho subrayado en el
texto, al recalcar el elemento testamentario y sanguíneo de la transmisión
padre-hijo. Tras su fijación escrita, sólo los que tuviesen un contacto directo
con el texto tendrían acceso a dicho saber, salvo, claro está, si se le apareciese
a otro un arcángel y le suministrase dichos saberes, creando otra
nueva cadena. Jugadas como esta no serían extrañas y, en ocasiones, han
sido incluso la causa de la constitución de nuevas religiones al servicio de un
Dios común.
Así, prosiguiendo con la sucesión legendaria, tras Roboam, los
Rabinos perpetuaron la transmisión de este legado, recibiendo éste con el
tiempo el título de Clauicula Salomonis, por contener ciertas claves secretas
que permitían obrar cosas prodigiosas. No se sabría decir en que momento
saldrían estos conocimientos del entorno hebreo, o sea se rompería la
“transmisión sanguínea”, pero ya durante el Imperio romano la Magia hebrea
tuvo gran predicamento y algunos afirmaban la existencia de un tratado de
magia escrito por Salomón, como es el caso del historiador judeorromano
Flavius Josephus (37-c. 100), autor de De Iudaeorum Vetustate.
La clavícula de Salomón 101
Evidentemente, la fijación escrita y la traducción sistemática de los
textos mágicos aconteció, seguramente, a la vez que la de los conocimientos
cabalísticos o herméticos, en la Baja Edad Media, a partir de los siglos
XII y XIII. Es un momento histórico clave, pues se asiste a la construcción de
una cultura al margen de la Iglesia, en torno a las universidades y abierta a
otros ámbitos culturales ajenos a la Cristiandad, como el Islam. Sin embargo,
los testimonios bibliográficos más fehacientes acerca del ciclo salomónico
se remontarían al siglo XIV, teniendo gran importancia en su fijación y
transmisión los focos hebreos sefarditas e italianos, añadiéndose a todo ello
las conversiones o la diáspora judía de 1492, que fomentaron grandemente
su difusión europea. De todos modos, en la transmisión de la literatura mágica
durante la Edad Media participarían tanto judíos como árabes y cristianos.
Su transmisión se haría mediante copias manuscritas, en hebreo o
en latín y con frecuentes adulteraciones, correcciones, mutilaciones o
aumentos. Pues, aunque se nos suele presentar como una obra trasmitida
inalterada por la tradición, parece haberse ido rehaciendo o completándose.
Incluso, en algún caso se han localizado procesos de cristianización de sus
contenidos, en ese afán por superar su persecución o hacerlos más vigentes,
o libros de magia cristiana inspirados en parte o buena parte en dicha
obra.
Obviamente, este legado hubo de adoptar muy diferentes formas,
apareciendo con el mismo título obras que diferían entre sí en una mayor o
menor medida. Aunque siempre en todos ellos podía contemplarse una
estructuración y unos contenidos similares, con presencia de tablas astrológicas
y correspondencias, listados de ángeles y signos, instrucciones para
rituales, recetas mágicas, pantáculos u objetos mágicos, etc. Por consiguiente,
muchos otros títulos se hacían partícipes de la Magia Salomonis o conocimientos
salomónicos, sucediéndose multitud de títulos anónimos o firmados
hasta los tiempos modernos y que se decían la auténtica versión (Liber
Salomonis, Alma del Salomonis, Picatrix: liber de imaginibus Salomonis,
Heptameron sev Elementa Magica de Pedro de Abano, Clavicula Salomonis
hebraeorum regis de Abrahamo Colorno, Les Vrais Clavicules du Roi
Salomon par Armadel, etc.)
En otro orden, ya desde el siglo XIV aparecían testimonios de su
prohibición y persecución, y parece ser que fue Inocencio VI, a mediados de
dicho siglo, el primer pontífice que ordenó su quema. Por otro lado, el antisemitismo
se configuraba como otro factor que recalcaba lo sospechoso de
sus contenidos y su catalogación como un texto demoniaco. A esto se sumó
la convicción paulatina de que Salomón no era el autor de dicho texto, lo que
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sin duda mejoró la reputación del soberano en el mundo cristiano. La privación
de dicha autoridad, en consecuencia, no sólo no ayudaba en impedir la
persecución del libro, sino que servía como un argumento más. Dadas las
circunstancias represivas, su divulgación se produciría de un modo muy discreto
y, dado su carácter culto o “científico”, su ámbito de difusión era bastante
selectivo. Su circulación habitual entre miembros del estamento noble,
eclesiásticos, universitarios, etc., a diferencia de otros textos de acceso más
popular, permitió, por otro lado, que salvo deslices no fuera frecuente localizarlo
y pudo así librarse de purgas y quemas con más facilidad que otros
títulos.
No obstante, como sucedió con otras obras, la invención de la
imprenta facilitó la conservación y divulgación de la Clavícula de Salomón.
Es más, durante 1480 y 1680 se asistió a un esplendor de la Magia ritual sin
precedentes en el mundo cristiano. Los nuevos aires del Humanismo facilitaron
su florecimiento, dentro de ese maremagnum cultural que caracterizaba
el Renacimiento y que favorecía el estudio y la transmisión de supuestos
saberes ancestrales, testimonios de la Antica Sapientia. En un momento en
que el impulso racionalista se conjugaba con la más ávida y abierta curiosidad,
bajo el auspicio de la concordatio entre el mundo antiguo y el moderno,
la ciencia antigua y la fe cristiana, la Magia despertaba un vivo interés. De
este modo, gracias al empuje humanista, la Magia recuperó posiciones en la
escena cultural y gozó de gran crédito, tanto por defensores como por atacantes.
Este renacimiento de la Magia, en gran medida cristianizada o enclavada
en una tradición judeo-cristiana o gnóstica y que atendía a su definición
grecolatina, contó con la contribución mayor o menor de notables figuras
coetáneas. Así, entre estas figuras europeas destacaron nombres como los
de Pedro de Abano (1250-1316), Johannes Heindenberg Tritemius (1462-
1516), Giovanni Pico della Mirandola (1463-1494), Heinrich Cornelius
Agrippa von Nettesheim (1486-1535), Philipus Aureolus Theophrastus
Bombastus von Hohenheim Paracelsus (1493-1541), John Dee (1527-1608)
Giambattista della Porta (1538-1615) o Giordano Bruno (1548-1600), por
citar algunos de los más significativos y con obras reconocidas o atribuidas.
La Magia como disciplina extraoficial tuvo, pues, una notable popularización,
reflejada en la literatura de la época (sobre todo, teatro, novela o
pliegos de cordel). Igualmente, dada la demanda pública se contempló como
un excelente negocio, pese a los riesgos de publicar libros con contenidos
peligrosos para la fe. Así se sucedieron numerosas impresiones y ediciones
de La Clavícula teniendo las francesas una notable difusión y distribución
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clandestina por España en los siglos XVII y XVIII, pese a las prohibición eclesiástica
y la vigilancia inquisitorial.
Así, entre las muchas versiones, en 1634 aparece publicado, bajo el
título Les Clavicules de Salomon, una versión en francés por Monseigneur
Jean Jaubert de Barault, entonces arzobispo de Arlés (Francia). Según
cuenta, es la traducción de un texto en latín, obra a su vez del rabino
Abognazar que lo habría traducido a esta lengua del hebreo. De este texto
se hizo una copia manuscrita en 1641 que pasaría a formar parte de la prestigiosa
biblioteca oculta del marqués Stanislas de Guaïta (1861-1897). En la
actualidad se conserva en la British Library (Manuscrito Lansdowne 1203) y
cuenta con varias ediciones facsímiles.
No obstante, ya aparecieron en el siglo XX en España, en periodos
de un menor celo catolicista o tras los rigores censores del Franquismo,
publicaciones en castellano, aunque procedentes de fuentes diversas. Por
ejemplo, tenemos:
-La Clavícula del gran rey Salomón ó sea el verdadero tesoro de las
ciencias ocultas y la cábala de la mariposa verde, del nigromante
africano Illensub Oirelav, Barcelona, Maucci, 1908.
-Clavículas de Salomón, o sea el secreto de los secretos, traducido
del hebreo por Iroe el Mago, Barcelona, Pons, 1922.
-Las Clavículas de Salomón, de Eliphas Levi, Madrid, Edaf, 1992.
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El gran
Conseguir el amor de alguien
Tener amor y obediencia popular Hacerte amable a los otros
Alejar el odio
Que hablen bien de uno Convertir al enemigo en amigo
SALUD
Inmunidad frente a la agresión física
Proteger frente a la aflicción, la tristeza o
la melancolía 2
Proteger frente a la apoplejía Proteger del calor natural
Curar la impotencia o la infertilidad 1
Proteger de la cabalgadura 1
Proteger en los viajes 2
Proteger contra los venenos 2
Proteger de hechizos y encantamientos 2
LUCRO
Descubrir tesoros o riquezas 1 1
Otorgar el favor de los poderosos 2
Conseguir altos cargos 1
Tener negocios prósperos 3
Aumentar las riquezas 1
Tener fortuna en el juego 1
Proteger las riquezas 1
Proteger frente a robos 1
Tener pesca abundante 1
Tener ganado próspero, gordo y prolífico 1
PODERES
Invisibilidad 1
Viajar velozmente 1
Hacer invencible una fortaleza 1
Tener éxito al construir un edificio 1
Tener fuerza y valor en la batalla 1
Alejar el miedo 1
Provocar tormentas 1
Cesar tormentas 1
Salir airoso de juicios 1
Confección de talismanes 4
Someter a cualquier criatura 1
Someter un animal 1
Someter a una persona 1
Proteger frente a los poderosos 2
Someter a espíritus, ángeles o demonios 13